Te voy amar en silencio asta que mi vida acabé,que mi corazón se detenga solo quererte a mi lado asta el ultimo aliento de mi vida, aunque no este en este mundo yo te seguiré amando sin que tú redes cuenta te amo, sin que tú ni siquiera sepas cuánto te amo, las esperas de mi alma aún siguen vivas yo las entierro asta que otra persona entre a mi corazón pero la diferencia ente esa persona y tú es que realmente te amo mi corazón es tu yo y mi mente seguirá pensando en ti asta que yo muera el solo tendrá mi cuerpo…mientras tú me tienes por completo soy toda tú ya pero nunca estaremos junto.
Pienso en tus labios besando los míos,pienso en tu cuerpo a lado del mío cada mañana,en ver tus ojos cafés cada ves que despierto,sentir tus brazos rodando mi cuerpo y tener mi cabeza en tu pecho asta que el día se termine pasarnos todo el día en la cama asta que nos cansemos y ya no queramos vernos todo el día y luego regresa al mismo lugar y besarnos toda la noche asta que Júpiter desaparezca.
Si todo el mundo y el amor fueran jóvenes
y la gran verdad en la lengua del pastor,
estos placeres bonitos me podrían mover
a vivir contigo y ser tu amor.
El tiempo conduce los rebaños del campo al redilcuando el rio ruge y las rocas se enfrían,
y Filomela se convierta en tonta;
El resto se queja de los cuidados por venir.
Las flores se desvanecen y en campos licenciosos;
pasamos un invierno díscolo avenido de opiniones;
una lengua cariñosa, un corazón de hiel,
es una primavera de lujo, pero cae la tristeza.
Tus trajes, tus zapatos, tu cama de rosas,
tu gorra, tu túnica y tus ramilletes
muy pronto se romperan, pronto se marchitaran, pronto se olvidaran-
rancio capricho, razonamiento corrompido.
Tu cinturón de paja y brotes de hiedra,
tus broches de coral y botones de ámbar,
todo esto no significa que me puedan mover
para ir por ti y ser tu amor.
Pero, podría por última vez la juventud y el amor aún reproducirse,
tuve alegrias sin fecha sin la edad necesaria,
entonces estos deleites de mi mente podrían moverme
a vivir contigo y ser tu amor.
Por: Sir Walter Raleigh.